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INTRODUCCIÓN 
Hablar de esta comarca es reconocer la amabilidad de sus
gentes, relatar el día a día en el dialecto local, oír
el rumor del agua cristalina erosionando los torrentes de los escarpados
valles antes de estancarse en las numerosas piscinas naturales, oler los
aromas entremezclados del brezo y la jara, ver el sosegado planeo de los
imponentes rapaces, paladear los afamados caldos de viñas cultivados
en sistemas abancalados, sentirse perdido en las dehesas de robles, encinas
y alcornoques, o recolectar el fruto del verdeo que, una vez prensado,
licua los mejores aceites.
En suma, es un paisaje puramente rural y agrocultural,
típico de la sierra donde el tiempo parece detenerse y las horas
no cuentan. Despertar con un nuevo sol radiante (sol de invierno), ver
la cúpula celeste repleta de estrellas en las noches estivales,
empaparse con la lluvia, el paseo diario, la caza ancestral, el salto
de la trucha bajo un bosque galería, el tipismo de sus pueblos,
las labores artesanales tradicionales, la cocina casera...
... Vivir en ella.
La Sierra de Gata ocupa el rincón más noroccidental
de Extremadura con paisajes de belleza sobrecogedora del olivar que produce
un extraordinario aceite, al viñedo con su excelente vino, a los
bosques autóctonos en las cabeceras de los valles (abedul ibérico,
acebo, enebro, encina rupícola y roble melojo), contrastan con
laderas de pinares y con las encinas y alcornoques de tierras bajas.
Desde el castillo de Trevejo divisas las sierras de Garduño,
San Pedro, Albilla y Cachaza acompañado de viñedos, olivos,
robledales y pastos.
La Sierra de Gata te invita a conocerla
a través de la huella de los antiguos caminos empedrados, cañadas
y cordeles que recorren valles o laderas, ascendiendo a lo alto de los
puertos permitiendo conocer su paisaje y emblemáticos parajes,
observar especies animales y vegetales.
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